Cómo empecé un negocio digital con un bebé pequeño, casi sin ahorros y sin saber si iba a funcionar
Nov 05, 2026
Hace ocho años, mi marido llegó a casa con una noticia que nos cambió la vida: lo habían despedido.
Nuestro hijo tenía apenas un año. Yo había renunciado a mi trabajo cuando quedé embarazada porque quería dedicarme a la maternidad. Quería estar presente, verlo crecer, acompañar sus primeros pasos, sus primeras palabras, sus primeros descubrimientos.
Era una decisión que habíamos tomado en familia y que podíamos sostener gracias al sueldo de mi marido.
Hasta ese día.
Teníamos una hipoteca que pagar, un bebé que mantener y, de un momento a otro, ningún ingreso.
Al principio no me preocupé demasiado. Pensé que encontraría otro trabajo pronto. Era periodista, tenía experiencia y confiaba en que conseguiría algo.
Pero pasó un mes. Después otro. Y otro.
Los ahorros comenzaron a desaparecer y la tranquilidad se transformó en angustia.
Recuerdo que, además del miedo económico, había algo que me dolía profundamente: sentía que estaba perdiendo la posibilidad de criar a mi hijo como había soñado.
Necesitábamos dinero. Lo necesitábamos urgentemente.
Pero pensar en volver a trabajar fuera de casa, pasar tantas horas lejos de mi bebé y perderme esa etapa de su infancia me aterraba.
Y al mismo tiempo, tampoco quería renunciar para siempre a mi desarrollo profesional ni a tener mis propios ingresos.
¿Por qué parecía que tenía que elegir entre ser mamá y ser una mujer independiente?
No sé si alguna vez has sentido esa contradicción.
Amar profundamente la maternidad, querer estar con tus hijos, pero también echar de menos esa parte de ti que quiere crear, trabajar, aprender, ganar dinero y construir algo propio.
Yo la sentía todos los días.
La decisión que nos cambió la vida
Una tarde le dije a mi marido algo que llevaba tiempo dando vueltas en mi cabeza.
Quería intentar algo diferente.
No sabía si iba a funcionar. No tenía un negocio armado ni una fórmula para ganar dinero por internet.
Pero tenía conocimientos, experiencia y muchas ganas de encontrar otra manera de trabajar.
Le propuse que usáramos parte de los pocos ahorros que nos quedaban para intentarlo.
Él me dijo que sí.
Y así nació la cuenta de Instagram que hoy conoces como Marly Lactancia.
Todavía tengo una captura de pantalla de aquella cuenta: 19 publicaciones y 401 seguidores.
Me emociona verla porque me recuerda que hubo un momento en el que todo esto era apenas una idea.
No había una empresa. No había un equipo. No había ninguna garantía de que funcionaría.
Solo una mamá sentada frente al computador intentando construir un futuro diferente para su familia.
¿Qué hice para empezar?
Si hoy me preguntaras cómo comencé, creo que hay tres decisiones que fueron fundamentales.
La primera fue partir de algo que ya conocía.
Yo era periodista y tenía un profundo interés por la lactancia y la crianza. En lugar de intentar construir un negocio alrededor de algo que estuviera de moda, decidí empezar por un tema que realmente me importaba.
No necesitaba convertirme en alguien completamente diferente. Necesitaba encontrar una forma de transformar mis conocimientos e intereses en algo que pudiera aportar valor a otras personas.
La segunda fue atreverme a empezar antes de tener todo resuelto.
A veces creemos que primero necesitamos una página web perfecta, miles de seguidores, una marca espectacular o un producto completamente desarrollado.
Pero mi cuenta comenzó con 401 seguidores.
Y antes de esos 401 hubo cero.
No todo estaba definido desde el primer día. Muchas cosas las fui descubriendo mientras avanzaba.
La tercera fue entender que crear contenido podía convertirse en un trabajo.
Hay una diferencia enorme entre publicar en redes sociales y construir un negocio digital.
Los seguidores no pagan las cuentas por sí solos.
Con el tiempo fui aprendiendo que detrás de una empresa digital hay que desarrollar conocimientos, crear ofertas, aprender a vender, comunicarse con las personas adecuadas y construir algo por lo que otras personas estén dispuestas a pagar.
Y eso fue transformando una cuenta de Instagram en una empresa.
No ocurrió de la noche a la mañana. Tampoco fue un camino sin errores.
Pero funcionó.
Ocho años después
Hoy mi marido y yo trabajamos juntos en la empresa que construimos.
Tenemos dos hijos y una vida que, en muchos sentidos, se parece bastante a la que soñaba cuando estaba embarazada del primero.
Podemos trabajar desde casa, organizar nuestros horarios, viajar y seguir trabajando desde otros lugares.
No necesitamos pedir vacaciones a un jefe para estar con nuestros hijos.
Eso no significa que trabajemos poco ni que emprender sea fácil. Tener una empresa implica responsabilidades, preocupaciones y muchísimo trabajo.
Pero hay una diferencia que para mí lo cambia todo:
Construimos un trabajo que podemos organizar alrededor de la vida que queremos tener, en lugar de organizar toda nuestra vida alrededor de un trabajo.
Y hay algo más que me parece importante.
No tuve que dejar de ser periodista. No tuve que abandonar mis ganas de crecer profesionalmente. No tuve que renunciar a tener independencia económica.
Tampoco tuve que renunciar a la maternidad que quería vivir.
Encontré una manera de hacer ambas cosas.
Y eso, para mí, ha sido el mayor regalo de esta decisión.
Si tuviera que empezar hoy...
No te voy a decir que renuncies mañana a tu trabajo ni que gastes tus ahorros para perseguir un sueño.
De hecho, si hoy tuviera que volver a empezar, intentaría hacerlo con menos riesgo y mucha más claridad.
Antes de gastar dinero en una página web, un logo o herramientas sofisticadas, buscaría responder tres preguntas:
-
¿Qué sé hacer, qué me interesa o qué podría aprender para ayudar a otras personas?
-
¿Qué problema concreto podría resolver con eso?
-
¿Cómo puedo comprobar que alguien necesita esa solución antes de invertir meses en crearla?
Después intentaría construir la versión más sencilla posible de esa idea.
No buscaría tener miles de seguidores. Buscaría encontrar a las primeras personas a las que realmente pudiera ayudar.
Porque hoy entiendo algo que no tenía tan claro al principio: no necesitas convertirte en una influencer para construir un negocio digital. Necesitas encontrar algo valioso que puedas ofrecer y aprender a conectar con quienes lo necesitan.
Y eso se puede aprender.
Ahora quiero preguntarte algo
Últimamente he estado pensando mucho en aquella versión de mí de hace ocho años.
La mamá que quería criar a su hijo, pero también necesitaba dinero.
La mujer que tenía ganas de hacer algo propio, pero no sabía muy bien por dónde empezar.
Y me pregunto cuántas mujeres están hoy en ese mismo lugar.
Quizás tienes una profesión que te encanta, pero no quieres volver a trabajar fuera de casa.
Quizás llevas años dedicada a tus hijos y sientes que te gustaría recuperar tu independencia económica.
Quizás tienes una idea de negocio, pero no sabes cómo convertirla en algo real.
O quizás ves a otras mujeres trabajando desde su computador, creando contenido, vendiendo sus conocimientos o emprendiendo en internet y piensas:
Qué ganas de hacer algo así. Pero yo no sabría ni por dónde empezar.
Si te identificas con alguna de estas situaciones, me encantaría saberlo.
Estoy explorando una idea que me entusiasma muchísimo: encontrar una manera de compartir lo que he aprendido construyendo mi negocio y ayudar a otras mujeres a dar sus primeros pasos.
Gracias por leerme y por acompañarme en este camino.
Un abrazo,
Marly
PD: Si hay algo que he aprendido en estos ocho años es que no hace falta tener toda la vida resuelta para empezar a construir una diferente.
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Cada tanto escribo sobre maternidad, infancia y las preguntas que casi nunca nos atrevemos a hacer en voz alta. Suscríbete abajo y te mando mis nuevos textos cada semana 👇🏼
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